¿Cuánto?

¡Mucho menos de lo que imaginas!

¿Por qué? Muy sencillo: no mantengo un gran estudio en una localización céntrica. Tampoco dispongo de un montón de equipo técnico que apenas utilizo. Me preocupo de lo importante: un buen cocinero no necesita cien ollas para cocinar un manjar.

Mi trabajo posee un valor añadido, ya que no acepto un volumen de trabajo que no pueda abastar. Además, si el cliente ofrece flexibilidad, puedo ofrecer unos costes todavía más bajos.

 

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